Y sin embargo, reciclamos

El panorama del reciclaje en América Latina está dominado por contrastes en las regulaciones anti-plástico de los diferentes países. Sin embargo, el punto común es la componente social del reciclaje en nuestra región.

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Hace menos de quince días tuve la oportunidad de hablar por partida doble ante los asistentes a Re|Focus, la cumbre sobre reciclaje organizada por la SPI en Orlando. La invitación, en un principio, no era para mí sino para el presidente de la ANIPAC pero, las circunstancias de mi última visita a Orlando me empujaron a buscar la oportunidad de estar presente y colaborar con la SPI en tan importante evento, máxime que en septiembre pasado había hablado de ello con Bill Carteaux, su presidente, cuando coincidimos en la convención anual de la ANIPAC en Veracruz.

Aprovecho la ocasión para pedirle a todos los lectores que dediquemos un momentito de esta lectura y le enviemos a Bill un pensamiento de solidaridad y ánimo para que su recuperación sea pronta y cabal. Por experiencia propia, estoy convencido que en situaciones como esta, los buenos deseos de propios y extraños son el mejor reconstituyente para el alma y el cuerpo.

En Re|Focus se habló de muchos temas alrededor del reciclaje de plásticos, de tecnología, de ingeniería, de diseño, de nueva maquinaria y equipos, procesos y productos.

Mis intervenciones en Re|Focus estuvieron relacionadas con las regulaciones a los plásticos en América Latina y su cumplimiento, así como con el estado que guarda el reciclaje –obvio, de plásticos- en nuestra región.

Siendo el auditorio mayormente norteamericano, pensé que presentarles una avalancha de datos no resultaría apropiado pues irremediablemente surgirían las comparaciones con lo que ocurre en la América del Norte o en Europa, y entonces decidí abordar los temas desde la óptica latinoamericana, haciendo énfasis en los asuntos que nos caracterizan y que son parte de nuestro contexto y entorno.

Cual pésimo remedo de Cantinflas, empecé diciéndoles que los plásticos y su reciclaje en América Latina están regulados pero no están regulados. ¡Y es que es cierto!

En casi todos los países de la América Latina hay regulaciones que aplican de una u otra forma a los plásticos, desde las que llevan dedicatoria directa porque responden a la imitación de leyes prohibicionistas o recaudatorias como las que hay en California, Washington, Irlanda, el Reino Unido o recientemente Nueva York, hasta las que aplican en forma general a la gestión de los residuos sólidos, incluidos los plásticos.

No me ocuparé de las legislaciones prohibicionistas aunque sí debo mencionar que las legislaciones en materia de gestión de residuos de nuestros países son verdaderamente avanzadas en cuanto a que abordan el asunto desde una visión integral e integradora donde, en la mayoría de los casos, prevalece el principio de responsabilidad compartida de todos los actores en la cadena de generación, recuperación y valorización de los residuos y no la responsabilidad extendida del productor que vuelca todo el peso de la tarea en uno de los eslabones.

Mientras les contaba acerca de los contrastes en las regulaciones anti-plástico de diferentes países hermanos, sus avances y fracasos, fui llegando a un punto que me interesaba mucho presentarles: La componente social del reciclaje en nuestra región.

Los pepenadores, recicladores, cartoneros o como se les llama en cada país a quienes separan los reciclables de la basura domiciliaria son, en buena medida y para nuestra fortuna, unos de los principales factores para que las tasas de recuperación de residuos plásticos sean tan altas en América Latina.

Hay quienes ven a la pepena como una actividad denigrante e inhumana que debería erradicarse. Otras personas –con quienes yo coincido- ven esta actividad como un trabajo digno y dignificable que requiere de atención para mejorar las condiciones de quienes la realizan pero no para desaparecerla. Me atrevo a compararla con la pizca –la labor de recolección de cultivos- que muchos obreros del campo practican en nuestros países y en los campos agrícolas del vecino del norte pues para ningún sociólogo o politólogo resulta una actividad denigrante, aunque sí mal pagada.

Hice énfasis varias veces a que los latinoamericanos somos latinoamericanos y no austriacos o alemanes, refiriéndome a que el contexto socio-cultural de nuestra población y sociedad –en medio de sus carencias- nos da grandes ventajas para ciertas actividades como la recolección de residuos y el reciclaje, y que las soluciones que mejor funcionan en nuestras latitudes son las que se apegan a nuestro contexto, no las trasatlánticas que con frecuencia nos quieren imponer los teóricos del reciclaje, aquellos que se inclinan por las soluciones europeizantes.

Es cierto que la labor del pepenador o del cartonero no está bien remunerada y que muchas veces se realiza en condiciones de inseguridad e insalubridad. Sin embargo, en varios países de nuestra región está demostrado que esas labores pueden mejorarse en varios sentidos mediante apoyos a cierta tecnificación, organización y capacitación de quienes las realizan y con ello poner al alcance de los pepenadores o cartoneros un trabajo digno y en mejores condiciones económicas, de seguridad e higiene.

Como ya lo apunté, en Re|Focus se abordó el reciclaje partiendo de una premisa muy ventajosa: La disponibilidad de una corriente de residuos reciclables, más o menos limpia, donde se da por descontado que alguien hace la recolección o incluso una primera segregación. Por eso la discusión se centró en los llamados MRFs, los sistemas e instalaciones para la recuperación de materiales, su operación y las estrategias que se siguen en diferentes ciudades para minimizar los residuos enviados a confinamiento. Es decir, un abordaje desde un contexto socioeconómico muy diferente al nuestro.

La audiencia se sorprendió cuando mencioné que las tasas de recuperación de residuos plásticos en países de América Latina rondaban entre el 22 y el 37% de los residuos generados y que las tasas de reciclaje se situaban por encima del 22% en promedio. Más sorprendidos quedaron cuando les presenté las cifras de exportación de residuos plásticos de la región en 2014, más de 1.04 millones de toneladas de las cuales un 65% se exporta a China y casi un 30% a los Estados Unidos (que luego se re-exporta a China).

Comparativo de porcentajes 2012 de acopio de PET entre países

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Fuente ECOCE. Estadísticas 2012.

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Sin embargo, entendieron que la presencia del componente social en nuestros países compensa con creces la desventaja de no tener los MRFs que ellos tienen.

¿Qué tanto hemos considerado y valorado ese componente social al embarcarnos en la búsqueda de soluciones que nos permitan incrementar las tasas de recolección y por ende contar con más materiales reciclables para reaprovecharlos.

Pensemos en el tiempo y esfuerzo que nos tomaría el llegar a pensar y a actuar como austriacos o alemanes comparado con el tiempo y el esfuerzo que tendríamos que invertir en lograr una mejor relación y un mejor funcionamiento del eslabón recolector de la cadena, un eslabón que no visualizamos como parte de nuestra industria pero que es el que nos garantiza en buena medida el acceso a los materiales que queremos reciclar.

No somos austriacos ni alemanes y, sin embargo, reciclamos bastantito más de lo que cualquiera imaginaría. 

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