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01/09/2020 | 4 MINUTOS DE LECTURA

Capacitación en línea para la industria plástica: Centro Empresarial del Plástico (CEP)

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El Centro Empresarial del Plástico (CEP), conocido también como IMPI, es piedra angular en la formación y capacitación para la industria plástica en México. Al trasladar los ahorros en funcionamiento que ha tenido en descuentos de hasta el 50 % en sus programas, el CEP triplicó el número de estudiantes registrados.

Ing. Rafael Blanco, presidente del Centro Empresarial del Plástico (CEP).

Ing. Rafael Blanco, presidente del Centro Empresarial del Plástico (CEP).

El Centro Empresarial del Plástico (CEP), conocido también como IMPI, es piedra angular en la formación y capacitación para la industria plástica en México. Más de 11,000 directivos, ejecutivos y técnicos del sector de múltiples empresas en toda la República Mexicana han pasado por las aulas de esta institución, que surgió en agosto de 1984, con el objetivo de ofrecer capacitación y formación con programas que buscan incrementar el conocimiento y desarrollo profesional en la industria del plástico y resolver problemas en planta.

Su presidente, el Ing. Rafael Blanco, es un referente en la transferencia de conocimiento y una de las personalidades más respetadas en el sector. Bien sea desde los cursos que se ofrecen en el centro, con la publicación de la Enciclopedia del Plástico o con su participación en incontables foros industriales, su visión integral de la industria le permite entender las necesidades del sector plástico ante cada reto. En la coyuntura actual, según el ingeniero Blanco, esos caminos apuntan hacia lo digital, hacia enriquecer los conocimientos técnicos con inteligencia de negocio y hacia programas para audiencias específicas.

Entre los programas ofrecidos por el Centro Empresarial del Plástico se encuentran diplomados, seminarios, cursos en planta o diplomados a distancia. De acuerdo con el Ing. Blanco, la oferta educativa ha sido orientada a los aspectos teóricos y prácticos, pero la pandemia ha cambiado las reglas de juego.

“Contamos con una planta que tiene máquinas equipadas para inyección, extrusión y soplado, donde podemos dar los cursos prácticos, pero eso está hoy detenido. En el aspecto virtual, desde hace cinco años contamos con una plataforma que venía funcionando bien, a secas. Sin embargo, a raíz de la pandemia, la demanda de este formato se ha cuadriplicado y tuvimos que hacer varios cambios”, comentó.

Uno de los movimientos más drásticos fue la decisión de bajar los precios y ofrecer descuentos de hasta 50 %.

“Los costos, tanto de servicios como de personal y de materiales disminuyeron, así es que ese ahorro se le transfiere al estudiante. Fuimos muy ágiles en eso, y ahora tenemos grupos de 120 o 130 personas, que nunca imaginé tener. Normalmente llegaban grupos de 25 o 40 estudiantes en el mejor de los casos. Así es que, sin duda, la pandemia nos ha abierto alternativas”.

Según el Ing. Blanco, durante esta coyuntura han podido evidenciar el surgimiento de nuevas necesidades de capacitación por parte de la industria. Ahora, los estudiantes manifiestan requerir conocimientos en temas que van más allá de lo técnico. “Nunca nos habíamos metido con aspectos humanos o financieros. Hoy también, dentro del diplomado, damos ocho sesiones de factibilidad económica, cómo desarrollar un proyecto, cómo ser creativo y cómo vender en época de pandemia. Eso es algo que nunca habíamos tocado, pues siempre nos metíamos solo en la técnica. Entonces, podemos decir que es un programa más completo y alineado a lo que necesitan los industriales hoy”.  

Esta cercanía con los estudiantes y sus necesidades actuales de formación surgieron en las múltiples sesiones de networking que se promueven como parte del diplomado. “Dos veces por semana tenemos reuniones por Zoom en las que platicamos con los estudiantes y les preguntamos por sus necesidades. Incluso la distancia ha servido para acercarnos más a ellos. Antes tomábamos el papel de autores que imparten una conferencia y platican poco con su cliente. Hoy les preguntamos directamente quiénes son, qué hacen y qué requieren. Fue así como encontramos que muchos de ellos necesitan orientación para hacer costos, diversificar el negocio o hacer factibilidad para un nuevo proyecto”.

Según el Ing. Blanco, en este momento hay contracciones drásticas, y la gente tiene que cuidar los costos. “Hoy, con la asesoría de un contador y de un ingeniero industrial podemos darles otras herramientas, además de la parte técnica que hemos hecho durante años. Hemos adquirido módulos del Harvard Business y del IPADE en México, que nos han complementado para este tipo de cursos”.

Otro aspecto importante es que aun en la virtualidad, los estudiantes deben cumplir con requisitos de asistencia, entregas y la presentación de un proyecto final para obtener su certificado. Así que los estudiantes deben mostrar evidencias de su aprendizaje en el programa, que consta de unas 60 sesiones en siete meses de duración, tras los cuales se convierten en expertos generalistas en plásticos.

Además del diplomado, el Centro Empresarial del Plástico ha ofrecido cursos de un solo día con temas tan variados como bioplásticos o tendencias de la industria del plástico, donde también han tenido una convocatoria muy nutrida. “Ahora traemos planes de promover otros cursos de dos y tres días y todo el material se envía digital”. 

Un reto que han encontrado en la formación industrial, y en el cual trabajan es en la segmentación de los cursos según la audiencia. “Para llegar a la masa usuaria de personas tenemos tres niveles: dueños o directores generales, ejecutivos y gerentes de producción/tecnología/calidad y supervisores. Queremos ser muy específicos porque la problemática que tiene un director o dueño es bien diferente a la del supervisor, y la del gerente empleado es bien diferente a la del dueño o la del mismo jefe de área. Entonces, nuestros retos van orientados a detectar las necesidades por grupos y atenderlas”.

Otro trabajo está también en el desarrollo de técnicos de plásticos: “No es un trabajo fácil preparar un tema para un técnico en plásticos, un pigmentador, un agente del molino o un operador de la inyectora”.

Esta visión hacia lo digital también ha cobijado a la reconocida Enciclopedia del Plástico, que tiene cuatro tomos de 750 páginas con todos los procesos de transformación, historia de los materiales, aplicaciones y mercados. “Por primera vez lanzamos las enciclopedias en formato digital e inclusive las estamos comercializando por módulos”.

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